
El personaje de Circe se nos presenta como una mujer que, solitaria en su isla, atrae y luego metamorfosea en animales a marineros y viajantes que se dejen seducir por la hechicera. Son destacables algunas historias que reflejan su carácter celoso y vengativo, como la ocasión en que la maga se enamora apasionadamente de Glauco, un dios del mar, y que éste la rechaza por Escila, a lo que Circe reacciona transformando a su contrincante en una monstruosa criatura con seis cabezas de perro, o cuando transforma a Pico, el adivino, en un pájaro carpintero por rechazar su amor.
Sin embargo, esta serie de comportamientos tan crueles da lugar a una actitud de simpatía y afecto cuando Ulises se presenta en su mansión y roba el corazón de la hechicera con su carácter noble y su audacia:
En mi opinión, su comportamiento es constantemente imitado en la actualidad (y no sólo por mujeres!). Es muy habitual, en muchísimos argumentos cinematográficos, por ejemplo, la aparición del típico personaje serio y huraño al que el amor hace sensible y buena persona, como le ocurría a nuestra bruja.
Sin apenas tener que rebuscar en muchas películas, he encontrado un bonito referente a este asunto en la película “Kirikú y la bruja” (que os recomiendo muchísimo, a pesar de que parezca una peli para niños, y si podéis ver la versión original francesa, tanto mejor), en la que una bruja africana tiene atemorizado a un pueblo entero, ya que convierte a sus hombres en objetos animados a su servicio (allí se les llama ‘fetiches’), hasta el día en que el protagonista cura el mal de la bruja y se vuelve buena (no os doy más detalles o la peli ya no tiene gracia!). Su mal no es concretamente la falta de amor...pero bueno...creo que se parece bastante a Circe. Para finalizar me gustaría comentar que encontré un artículo en El País que hablaba sobre la última bruja de Europa, en el que aparece claramente cómo se empleaba el término “bruja” desde la Edad Media, como grave acusación e incluso adjudicación de cargos penales, un significado muy
diferente del que tenía para las antiguas civilizaciones desde la época Clásica. Os pongo un fragmento: “Entre los Siglos XV y XVII, unas 100.000 personas fueron quemadas vivas en Europa bajo acusaciones de brujería tras ser sometidas a tortura. De entre ellas, más del 80 % eran mujeres. (...) Así cayeron disidentes políticos, enfermos mentales, supuestos herejes, comadronas, abortistas o simples buscavidas.”
Nada más, espero que os haya parecido curioso mi referente!
Arturo Soler, IES Vila Roja


