martes, octubre 17, 2006

Tras 20 años...

Echarte de menos tal vez no fue lo más apropiado
pero tampoco tu abandono durante veinte años lo puso fácil
estuve esperando día y noche desesperada.
Mi corazón anclado, cerrado a nuevos amores, sellada...
Intentaba fingir que tu partida no me afectaba
que la vida podía seguir sin problemas,
pero no, malévola la espera!
Me desvanezco al pensar que consumes tu amor
esta vez con jóvenes tentadoras y bellas.
Que mientas yo ando cogida de la fiel fidelidad
tú te codeas con la infiel lujuria
y proclamas silenciosamente en ráfagas de infiel amor
que ya no tienes una dueña..
Mientras yo, a la espera, tejiendo y destejiendo recuerdos...
Juro que me enamoré de todo nuestro amor,
y mentiría si negara que entre hilo y color
aún sueño con lo nuestro,
aún vivo por aquello
y aún espero despertar del sueño
que hoy con tu llegada convertiste en pesadilla...

RosanaP.

7 comentarios:

Yolanda dijo...

Vaya Rosana,la narración te quedó perfecta (después de tantas peripecias para publicarla he de decir que mereció la pena XD), pues eso, que me ha gustado ese toque amargo en el tono de tu Penélope jiji (si hubiera sido ella no le habría esperado¡20 años!) Felicidades!

annuski dijo...

Estoy con Yolanda. Si hubiera sido ella la que se hubiera marchado, Ulises ya tendría otra mujer.¿Pensáis que él la hubiera esperado?
Saludos desde castelló

..::JuAnJo::.. dijo...

No. xDDDDD


La respuesta es clara y contundente xD

Ana dijo...

Vale, yo no sé si lo hubiera esperado, mucho amor tendría que haber por medio y pocas alternativas cerca ;-)

¿Creeis que es una cuestón de género? Es decir, ella espera pero por supuesto él no. ¿O es una cuestión de época? ¿O es que ya no hay amores como esos? ¿o es que nunca los ha habido? ¿son posibles?

Rosana dijo...

Bueno posibles si que son , de hecho solo hay que fijarse en los abuelos(nuestros abuelos), yo personalmente estoy segura (por lo mucho que los conozco, y por la época en la que vivieron…nada favorable)de que basándome en el año 1953 año aproximado en que mis abuelos tendrían unos 20 años, si mi abuela hiciera el papel de “Penélope” y mi abuelo el de “Ulises”, y este se marchara a la guerra, mi abuela como "buena mujer" esperaría fielmente a su marido, primero por que lo quiere y segundo por el que dirán, a pesar de que mi abuelo tuviera aventuras con otras mujeres, si eso… a su llegada mi abuela le diría cuatro cosas pero dudo que hiciera algo mas y de todas formas la espera no se la quitaría nadie y el divorcio no existía…,...pero en fin! era otra época, y otra moral , y otra concepción del hombre y la mujer, muy pésima pero fíjate!! Cumplirían ambos sus papeles, no?
Ahora deberíamos de sentirnos orgullosos de que todo haya cambiado, y tal vez ahora en el siglo 21 si mi abuela volviera a nacer y se enfrentaran a esa misma batalla ocupando su puesto de Penélope, seguramente no aguantaría ni una cuarta parte…

Maria! dijo...

Aunque los tiempos hayan cambiado el rol de mujer fiel que espera todavía existe (por desgracia)pero creo que hoy en día la mayoría de mujeres no esperarían tanto xDDDD.
Los hombres siempre han tenido más libertad y todo eso influye.
Desde luego estoy segura de que Ulises no la hubiera esperado, sino no habría tenido esos romances con Calipso, Circe y una larga lista de etc, no creeis??

elgreco dijo...

¿Y quién ha dicho que Penélope esperó fiel y casta a Odiseo? En la literatura del ciclo posthomérico aparecen referencias a amores adúlteros de Penélope y a aus aventuras posteriores al regreso de Ulises. Hay una tradición según la cual Penélope habría cedido sucesivamente a los 129 pretendientes y que de estos amores habría concebido al dios Pan.En la obra de teatro La tejedora de sueños (1952) de Antonio Buero Vallejo, este autor realiza una interesante recreación d ela figura de Penélope que vive un romance con el joven Anfino (entre los pretendientes de la Odisea hay un Anfínomo con el cual, según el ciclo posthomérico, Penélope mantuvo relaciones adúlteras), mientras espera, sin esperanza ya, el regreso de Ulises.
En el primer acto, el espíritu de la reina, vacilante entre el presentido interés por Anfino y el cada vez más vago recuerdo de su esposo, titubea indeciso.
Anfino es quien descubre que Penélope teje y desteje, pero lo hace para equiparase con Helena, la causante de la guerra y por ende de la separación de muchas parejas, entre ellas la de Odiseo-Penélope, para que los pretendientes se enfrenten por ella. Pero mientras el reino de Ítaca se ha empobrecido y muchos pretendientes se van. Penélope comprueba que sólo querían su riqueza. Parece que sólo Anfino la quiere. Bueno lo mejor es que os hagáis con la obra y la leáis. Se lee en dos tardes y es muy interesante.
Os ofrezco el final de la obra:

Penélope: Cobarde.
Ulises: ¿Yo cobarde?
Penélope: Sí, tú, prudente Ulises. Eso ha sido tu prudencia: cobardía y nada más.
Ulises: Los he matado sin exponerme porque debía hacerlo.
Penélope: ¡Por cobarde!
Ulises: (Sin poder evitar, ante la seguridad de ella, un creciente tono de vacilación.) Calla, mujer. Tengo hechas mis pruebas en la guerra. Y no tuve miedo de venir aquí, expuesto a que me matarais entre tú… y ése.
Penélope: Pero te disfrazaste. ¡Cobarde!
Ulises: ¡Para saberlo todo! Yo no tengo miedo a saber.
Penélope: Pero tienes miedo de sentir y de creer. No te atreviste a creer en mí. Dudaste de mí… (Se acerca.) Y de ti mismo. (Él baja la cabeza.) ¿Crees que no lo comprendo? Has querido hacerme ver que mi benevolencia con Dione se debía a una oculta rivalidad por Anfino; a una astucia mía. Pero yo no sé de esas cosas. Yo soñaba entonces; ¡sentía! Lo que tú, mezquino razonador, nunca has sabido hacer. Y ahora, siento el motivo de tu disfraz. Lo siento en mi propio desvío, en mi propio… asco. ¡Te disfrazaste porque te sabías viejo; porque desconfiabas de poder agradarme con tus canas y tus arrugas!
Ulises: ¡Penélope!
Penélope: ¡Cállate! Ahora debo hablar yo. Ahora debo decirte que tu cobardía lo ha perdido todo. Porque nada, ¡entiéndelo bien!, ¡nada!, había ocurrido entre Anfino y yo antes de tu llegada…, salvo mis pobres sueños solitarios. Y si tú me hubieses ofrecido con sencillez y valor tus canas ennoblecidas por la guerra y los azares, ¡tal vez! yo habría reaccionado a tiempo. Hubieras sido, a pesar de todo, el hombre de corazón con quien toda mujer sueña… El Ulises con quien yo soñé, ahí, los primeros años… ¡Y no este astuto patán, hipócrita y temeroso, que se me presenta como un viejo ruin para acabar de destruirme toda ilusión posible!
(…)
Ulises: Y le amas. Bien lo veo… (sombrío.) Todo está perdio. Así quieren los dioses labrar nustra desgracia.
Penélope: No culpes a los dioses. Somos nostros quienes la labramos.
Ulises: Me marcharé… (Caviloso.) Fingiré que tengo que cumplir un voto de peregrinaje.
Penélope: (Reprobadora.) ¡Márchate y sigue fingiendo!
Ulises: Lo haré. Pero soy el rey de Ítaca. Nuestro nombre debe quedar limpio y resplandeciente para el futuro. Nadie sabrá nada de esto.
Penélope: ¡Sigue con tus palabras de hielo! El calor que todavía tiene ese pobre muerto vale más para mí.
Ulises: No tardará en enfriarse. Y nosotros también, tarde o temprano. Por eso queda aún algo que hacer. ¡Salvar el prestigio! Y yo he venido a eso. He venido a…
Penélope: ¿A qué? ¿A romper mis sueños y marcharte?
Ulises: No. He venido a… (El coro de las esclavas se eleva repentinamente en el patio. Tras el primer verso:) a que quede eso. (Penélope atiende.)
Coro: Cual roca poderosa es la hembra fuerte.
El esposo partió, pero la reina
su palacio y su lecho ha defendido,
cual nuevo Ulises, sin olvidar nunca.
Penélope: ¡Te odio!
Ulises: Ya es igual, mujer… Eso debe quedar.
Coro: Penélope fue sola, y circundada
estuvo de peligros y deseos.
Mas sólo para Ulises vive ella.
Y no caerá cual otra Clitemnestra.
Tejía y destejía durante años
para burlar así a los pretendientes.
Ella bordó sus sueños en la tela.
Sus deseos y sueños son: ¡Ulises!
(Penélope se levanta de súbito y corre a abrir, febril, la puerta del templete.)
Penélope: ¡Puedes verlos! (Se le quiebra la voz.) Ahora ya no importa.
(Ulises se acerca a la puerta y mira a su mujer, que ha bajado la cabeza. Una larga pausa.)
Ulises: (Cerrando la puerta, mientras niega con la cabeza.) Nadie los verá ya. No existen. ¡Tú soñaste con Ulises! Ese sudario será quemado mañana con el cuerpo de Anfino. A no ser que prefieras destejer lentamente…
Penélope: Será quemado.
Coro: Junto al telar, soñar con el ausente:
ésta es la dulce ley de nuestras bodas.
Sonría la gloria a la prudente reina
que nunca ha amado a otro hombre que a su esposo.
Penélope: ¡Mentira!
Ulises: Pero en tu interior… No quiero saber ya nada de tu interior.
Coro: Penélope nos dice desde Grecia:
cinco, diez, veinte años no son nada.
El amor no envejece y nuestra sangre
sabe esperar la vuelta del amado.
Penélope: (Absorta en el cadáver.) Esperar… Esperar el día en que los hombres sean como tú… y no como ése. Que tengan corazón para nosotras y bondad para todos: que no guerreen ni nos abandonen. Sí; un día llegará en que eso sea cierto. (A Ulises.) ¡A ti te lo digo, miserable! ¿Y sabes cuándo? ¡Cuando no haya más Helenas… ni Ulises en el mundo! Pero para eso hace falta una palabra universal de amor que sólo las mujeres soñamos… a veces.
Ulises: Esa palabra no existe.
Penélope: ¡Sí existe! (Hacia el patio.) Tú la poseías. Gracias, Anfino. Y suéñame, suéñame siempre… buena. (Ulises toma el arco y lo tira por la balaustrada)
Ulises: Que sea quemado también. Ya no habrás más pruebas. (Desalentado.) Y ahora, a vivir… muriendo…
Penélope: (Avanzando hacia el proscenio para detenerse, transfigurada, con los ojos en alto y la voz infinitamente dulce.) O a soñar que se muere… Porque ya no hay figuras que tejer, y el templete de mi alma quedó vacío. Pero aún tengo algo… Mi Anfino. (En un sollozo.) ¡Oh, Anfino! Espérame. Yo iré contigo un día a que me digas la rapsodia que no llegaste a hacer… Tú eres feliz ahora, mi Anfino, y yo te envidio… ¡Dichosos los muertos!
(Ulises asiente en silencio, al tiempo que el coro se eleva de nuevo y empieza a caer el telón lentamente.)
Coro: Penélope es el nombre de la reina.
Ejemplo es para siempre de la esposa.
Ella teje sus sueños hogareños
y en su modestia irradia lozanía…


Fuerte, ¿verdad? Gran ejemplo de desmitificación. Penélope no llegó tan lejos como Clitemnestra, pero me cuesta creer que se mantuviera 20 años fiel, casta e insensible a las apetencias (de cualquier tipo) de los pretendientes.
Bueno, Penélope... Da para tanto.