sábado, marzo 08, 2014

EL SÍNDROME DE DIÓGENES

Hola a todos! Estoy aquí de nuevo para dejaros mi nuevo trabajo de la asignatura de referentes clásicos. Esta vez consiste en relacionar un trastorno psicológico con algún mito o personaje de la antigüedad clásica, al que el trastorno debe su nombre. En mi caso es el síndrome de Diógenes, bastante conocido y hecho de actualidad.
El síndrome de Diógenes es un trastorno del comportamiento que se caracteriza por el abandono social y personal, además de el aislamiento en el propio hogar y la acumulación en él de grandes cantidades de basura y desperdicios, suele afectar a personas de avanzada edad pero no siempre es así. El nombre de este síndrome viene inspirado por el filósofo griego Diógenes de Sinope , popular por vivir de manera austera. Diógenes vivió como un vagabundo en las calles de Atenas, convirtiendo la pobreza extrema en una virtud. Se dice que vivía en una tinaja y no tenia casa, además tenia las mínimas pertenencias. El principio de su filosofía se basa en que el sabio debe tender a liberarse de sus deseos y reducir al mínimo sus necesidades.
La relación que encontramos entre el filósofo y la gente que padece el síndrome es su manera de vida, solitaria y en condiciones de pobreza máxima con un descuido de la persona extremo.


Para ejemplificarlo os dejo una carta escrita por una mujer anciana con síndrome de Diógenes a su hijo que vive en otra ciudad y al que no ve hace un año(no es real):


Sábado 8 de marzo de 2014


Querido Manuel,
Sé que hace mucho que no te escribo, y en cierta manera no lo haría si no lo viera urgente.
 Hace unos meses, cuando salía de casa como todos los Viernes, un hombre comenzó a hablar conmigo, yo no sabía quien era y estaba asustada, al tiempo me dijo que era de la policía y que me llevaría a un lugar donde me ayudarían a enfrentar mi problema. Yo no comprendía nada, ¿qué problema podía tener una anciana como yo que no molesta a nadie? Me metieron en un coche y durante el trayecto estuve muy nerviosa revelando mi inquietud y desencanto hacia los agentes. Yo solo había salido a recoger unas cuantas cosas que necesitaba del vertedero, como suelo hacer los Viernes. ¿Qué daño les podía provocar eso? Bueno, el caso es que me llevaron hasta un edificio muy alto y me subieron al sexto piso, mientras yo impedía a los jóvenes que me cogieran del brazo. Al salir del ascensor, pude leer en un cartel: "Terapia de grupo". En ese momento, hijo, aún entendí menos la razón por la que estaba allí. Los agentes se fueron y salió a recibirme una mujer que se presentó como Ana. Antes de que me dijera algo le advertí que yo no necesitaba ayudaba ni terapia de ningún tipo, que yo solo era una anciana que vivía con mi gato y sin molestar ni entrometerme en la vida de nadie. Y lo cierto es que soy solo eso, bien lo sabes tu hijo, que jamás he querido ser un obstáculo en tu vida y menos desde que murió tu padre. Siguiendo con lo que te estaba contando, me empezaron a hacer muchas preguntas de todo tipo, Ana y otras personas que se encontraban allí: mi infancia, mis hábitos, mi rutina, mis ilusiones, familia, relaciones... Me sentí abrumada y molesta, ellos no eran nadie para entrometerse en mi vida y ni siquiera los conocía, no contesté a casi ninguna de sus preguntas y manifesté mi deseo de abandonar la sala. Pero entonces, Ana empezó un discurso que hizo que me quedara sentada, habló de un síndrome, si no recuerdo mal del síndrome de Diógenes y explicó sus causas y características. Sin duda, estaba diagnosticándome. Me sentí identificada por momentos, dijo que era propio sobretodo de personas de avanzada edad que vivían solas, descuidaban su aspecto y pasaban el tiempo aisladas en su casa. Además, acumulaban cantidades de basura y objetos inútiles que para ellos tenían algún uso. Por último, explicó que era bastante común en personas que habían perdido a algún ser querido y les había afectado en gran medida, en ese momento pasó por mi cabeza tu padre. Manuel, lo echo mucho de menos. Tú sabes bien lo que le quería y sigo queriendo, desde que falta me siento pérdida y cada cosa que me recuerda a él la cojo y la guardo en casa. También he perdido las ganas de arreglarme y de salir de casa, hace casi un año que no veo a mis amigas ni siquiera hablo con mis vecinos, y no he sido consciente hasta ahora.
Nunca te he pedido nada mi niño, pero esta vez necesito que vuelvas. Voy a continuar yendo a terapia, pero ya me ha dicho Ana que si no tengo un apoyo familiar este proceso de asimilación de mi problema y de mejora va a ser mucho más duro de lo que ya es.
  Espero que estéis todos muy bien, dale un beso a mis nietos y también a tu mujer. Aceptaré la decisión que tomes pero a mi me ayudarías mucho si estuvieras aquí.
                                                                                                                  Te quiero, Amalia

Para acabar, os dejo unas fotos para que os hagáis idea de como se encuentran las viviendas en las que viven las personas con este síndrome y un video que os puede aclarar las dudas:

                      
 
Espero que os guste mi trabajo y lo entendáis. Espero sugerencias y opiniones. BESOS