viernes, abril 06, 2007

LA AMBICIÓN

Alguna vez os habéis preguntado de donde viene esta palabra?No pasa nada yo tampoco, hasta que un bonito Viernes por la mañana en clase de latín nuestra profesora ( Mariló) nos hizo pensar en ello...


Viajemos en el tiempo hasta una mañana cualquiera en el Foro romano. La jornada laboral de un ciudadano era bastante más corta de lo que es nuestra jornada laboral (unas cuatro horas), menos incluso si el trabajo se encomendaba a los esclavos, de manera que disponían de mucho tiempo libre que dedicar a los asuntos públicos. Por eso la plaza está llena de hombres ociosos que se dedican a deambular (caminar de un lado para otro charlando con los conocidos o simplemente esperando a que suceda algo)

Eso es lo que, en apariencia, está haciendo esa masa ambulante de gandules; pero en realidad están esperando a que otras personas se les acerquen y les ronden con gran actividad para pedirles su voto.


Durante la República todos los cargos públicos estaban sujetos al sufragio popular, en una magnífica demostración de la democracia participativa. En realidad no era un sistema tan perfecto, porque para poder votar debías ser hombre, libre, ciudadano romano, y estar presente físicamente en la ciudad de Roma( eso del voto por correo todavía no existía...XD) durante los comicios; en aquellos tiempos habían resuelto de manera tajante la duda de si la circunscripción debía ser municipal, provincial o autonómica: sólo se podía votar en los distritos de la capital. Y aunque en teoría los cargos estaban a disposición de cualquiera, en la práctica los únicos que podían aspirar a los puestos superiores eran los que contaban con suficiente abolengo, influencia y dinero como para ser conocidos por el pueblo. Así que se subían por perfecto orden a los pedestales y, aparte de recordar las hazañas de sus padres y abuelos, ofrecían más gloria, más tierras, más pan y más circo a los admirados votantes que les contemplaban con satisfacción. Una vez más, ya vemos lo poco que han cambiado las cosas en veinte siglos, se promete el oro y el moro por conseguir el poder...


En cambio, los que aspiraban a los puestos inferiores, no los conocía ni su padre, y carecían de prestigio, padrinos y capacidad oratoria, debían buscar nuevos métodos para atraer el voto. En vez de declamar desde un púlpito, bajaban al nivel del populacho, al que empujaban, agarraban, gritaban, suplicaban, preguntaban por sus problemas particulares, prometían solucionarlos, ofrecían beneficios , mientras se insultaban unos a otros y acababan muchas veces a puñetazos. (imaginaos una fusión entre cualquier reunión de diputados y un programa de estos de por la tarde tipo el saloncito de a tu lado, pero sin polígrafo...)Esta forma de comprar a los electores, mientras iban de un lado a otro interpelándolos uno a uno, se denominó ambición <>. Así que no es de extrañar que el ambicioso, el paseante, se convirtiera en sinónimo de aspirante a un cargo u objetivo, y que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de lograrlo.


Pero eso no es todo, pobres de aquellos que iban a votar. Imaginaos la situación un hombre "pater familias" se dirigía a votar. El voto secreto no existía todo el mundo hasta que llegaba el pobre hombre a donde tenía que depositar el voto, le había hecho un " pasillito" en el cual estaban partidarios de todos los bandos que hasta última hora seguían reclamando tu voto, repartiéndote publicidad electoral, e incluso algunos amenazándote si no les votabas... sin olvidar que en el momento de escribir el nombre del candidato elegido, los más cercanos a ti veían perfectamente a quién habías votado. Que presión...




Información extraida de http://www.depalabrawordpress.com/

4 comentarios:

Ana dijo...

Gracias, Marina, nunca me acostaré sin aprender una cosa más :-)

elgreco dijo...

Muy bien documentada y bellamente narrada la explicación de la palabra ambición. En efecto, leemos en Varrón, De Lingua Latina V, 28: ab eo qui populum candidatus circum it, ambit,
et qui aliter facit, indagabili ex ambitu causam dicit.

Y como tú bien dices ¡cuánto ambicioso en nuestro tiempo! Se acerca la campaña electoral y me pongo a temblar: Si nos votáis, tendréis...; si me vota a mí... Y bla, bla, bla.
Bueno, suerte que nosotros tenemos cabinas de voto, aunque en algún lugar del País Vasco debe ser muy difícil ir a votar. A veces lo pienso, allí sí que hay presión.
Por cierto, la ambición tal como la entendemos ¿te parece buena o mala?

Marineta dijo...

Yo creo que la ambición no es mala si te permite superarte y evolucionar como persona desde un camino siempre moralmente correcto.

(Lo que es moralmente correcto, eso ya depende más de cada uno...)

PD: Pero creo que hoy en día la palabra " ambición" cuando aparece lo hace con connotaciones negativas.

Esther dijo...

En efecto, Marina, los romanos eran unos expertos en el arte de la "demagogia", palabra que solemos escuchar sobre todo en tiempos electorales ¿Por qué?.